
Mirando hacia el horizonte
bajo una lluvia mezquina,
pasaron ya muchos años
y ella seguía perdida.
Nunca nada le dijeron
tampoco si volvería,
cada noche junto al faro
sentía irse su vida.
Nunca encontraron los restos
del barco donde zarpaba,
nadie supo que pasó
aquella noche macabra.
Tan solo saben que iban
en el barco dos piratas,
y en una fuerte tormenta
sus almas yacen ahogadas.
Recorre con la mirada
el horizonte lejano,
aún le queda esperanza
para poder abrazarlo.
Recuerdos que van borrando
con el paso de los años,
su tristeza va dejando
guardada en el armario.
Pasaron ya veinte años
y su vida ya ha cambiado,
ahora es mujer casada
y madre de dos muchachos.
Una mañana de invierno
cuando todos se han marchado,
aparece de repente
su gran amor extraviado.
La vida ha sido muy dura
no quiere mover pasado,
pero él quiere volver
para estar siempre a su lado.
Pero el amor es así
y el suyo fue marchitando,
fueron veinte años de espera
de dolor y mucho llanto.
Él no desiste en tenerla
y con un machete largo
amenaza con matarla
si no le da lo deseado.
Se la lleva hacia el mar
y en un acantilado...
le pide que amor le dé
o la empujará hacia abajo.
Su vida está agonizando
pues su amor no lo tendrá,
y en un forcejeo tensado
pierde la estabilidad.
Él intenta sujetarla
pero no lo consiguió,
al vacío se precipita
la que por su amor sufrió.
Perdida está entre las rocas,
sus huesos resquebrajados
por querer salvaguardar
lo que con amor ha creado.